Capítulo 5

El cáncer de Afganistán

Los afganos continúan viéndose obligados a viajar al extranjero para tratarse de cualquier enfermedad grave

Mònica Bernabé

26 de septiembre de 2019

Enviada especial a Kabul

El doctor Kifayatullah Safi habla con un paciente en la unidad oncológica del hospital Jamhuriat, de Kabul.

El doctor Kifayatullah Safi habla con un paciente en la unidad oncológica del hospital Jamhuriat, de Kabul.MÒNICA BERNABÉ

El gobierno afgano abrió en julio de 2016 en el hospital público Jamhuriat, de Kabul, la primera y de momento única unidad para el tratamiento del cáncer que existe en Afganistán, con una población de casi 35 millones de habitantes. La inauguración se hizo a bombo y platillo, e incluso asistió la primera dama afgana, Rula Ghani, a pesar de que apenas participa en actos públicos. Tres años después, la unidad oncológica, que dispone de 66 camas, continúa sin tener un mamógrafo, ni un laboratorio patológico, ni equipos de radioterapia, ni fármacos para la quimioterapia. Y eso que es casi la joya de la corona.

Los afganos continúan viéndose obligados a viajar al extranjero para tratarse de cáncer o cualquier otra enfermedad grave. La peregrinación es constante a India y Pakistán. Antes, sin embargo, deben pedir un visado y reunir el dinero necesario para pagar el tratamiento y el viaje. Sin duda, no está al alcance de todos los bolsillos.

Haji Asil tiene 70 años y es originario de la provincia de Logar, a unos sesenta quilómetros al sur de Kabul. Se nota que es un hombre de campo por su aspecto tosco y su forma de hablar. En el cuello lleva colgados varios versículos del Corán como amuleto. Sin embargo, esta vez no se encomendó a Dios sino a la sanidad privada de Pakistán.

“Cada día me hacía más daño la garganta al tragar”, explica el hombre. Hasta que un día, asegura, no podía ni beber un vaso de agua. En el hospital de Logar le dijeron que tal vez tenía cáncer pero que no se lo podían asegurar, que fuera a Kabul a ver si se lo aclaraban. Sin embargo él, en vez de tomar camino hacia la capital afgana, vendió unas cuantas ovejas para conseguir dinero y se fue a la ciudad de Peshawar, en el vecino Pakistán.

“Allí me dijeron que tenía cáncer de esófago”, declara Haji Asil. Le dieron el diagnóstico en cuestión de horas, y también le aseguraron que ahora, con la nueva unidad oncológica abierta en Kabul, podía tratarse en Afganistán. Sin embargo, lo que no le dijeron es que el tratamiento en la capital afgana le costaría un ojo de la cara, al igual que en Pakistán.

Haji Asil sufre cáncer de esófago. En Pakistan le diagnosticaron la enfermedad, y ahora recibe tratamiento en Kabul.

Haji Asil sufre cáncer de esófago. En Pakistan le diagnosticaron la enfermedad, y ahora recibe tratamiento en Kabul. M.B.

Haji Asil se ha sometido a dos sesiones de quimioterapia en Kabul y ya se ha gastado 200.000 afganis, unos 2.300 euros –una fortuna en Afganistán-, entre el viaje, el diagnóstico en Pakistán y el tratamiento. Inicialmente tenía treinta ovejas, y ahora sólo le quedan diez. El resto las tuvo que vender. Y lo peor es que aún le faltan cuatro sesiones más de quimioterapia. “Tendré que pedir dinero prestado a mi familia”, comenta.

El oncólogo afgano Kifayatullah Safi confirma que tratarse de cáncer en Kabul es una ruina. En la nueva unidad de oncología, el paciente puede someterse a quimioterapia, pero tiene que comprar en la farmacia el fármaco necesario para este tratamiento. Lo mismo ocurre con las biopsias.

“Nosotros extraemos al paciente la muestra de tejido, pero tiene que llevarla a otro centro para que la examinen. Aquí no tenemos laboratorio patológico”, relata el médico. En Kabul hay un único hospital público que dispone de un laboratorio de estas características, pero no da abasto. La solución más rápida y eficiente es recurrir a un centro médico privado, que se han multiplicado como setas en Kabul.

Una mujer habla con un médico en la única unidad oncológica que existe en Afganistan.

Una mujer habla con un médico en la única unidad oncológica que existe en Afganistan.M.B.

La nueva unidad oncológica ni tan siquiera tiene un mamógrafo. El único equipo de este tipo que hay en Kabul está también en un hospital privado, el Instituto Médico Francés. Y lógicamente hay que pagar para hacerse una mamografía. Hay otro mamógrafo en el hospital Esteqlal, que es público, pero su personal no está especializado para el uso de esta máquina, asegura el doctor Safi.  

“Cuando alguien tiene cáncer, lo mejor que puede hacer es irse al extranjero desde el principio porque tratarse aquí es una sangría de dinero”, afirma el médico de la unidad oncológica de Kabul. “Además hay tratamientos que ni tan siquiera podemos hacer, como la radioterapia”.

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