Alla

48 anys — Porqueres

Pau Esparch

Es probable que alguien que hubiera hecho una parada en el Poste de Mata, la gasolinera de la entrada de Banyoles, hubiera intercambiado alguna palabra con Alla, que había trabajado allí unos cuantos años. Los que la habían tratado la definen como una mujer agradable, que siempre tenía una sonrisa lista y muy trabajadora. Hacía más de una década que vivía en Porqueres, en el Pla de l'Estany. También había trabajado en la fábrica de golosinas Haribo y durante un tiempo se había dedicado a limpiar domicilios, un trabajo que la había hecho conocida.

“Era un sol. Sociable, parlanchina y divertida. Podías llamarla y enseguida estaba por ti”, recuerda Kris, con la que había celebrado aniversarios y había compartido varias fiestas. Nacida en Letonia, Alla hacía mucho tiempo que había dejado su país natal acompañada de su hermana y hablaba el catalán como una más. Se relacionaba con los vecinos de la zona de Porqueres donde vivía y los tenderos la tenían fichada como una clienta habitual.

Alla empezó a salir con un hombre hace cuatro años. A pesar de que al principio él parecía integrarse en el entorno de ella, con el tiempo generó desconfianzas. “La fue apartando de sus amistades”, explica Kris, que vio de primera mano cómo se agrandaba la distancia con ella. No solo pasó con las amigas sino también con la familia –la hermana y la sobrina vivían en la misma comarca que Alla.

"Fue apartándola de sus amistades”

KrisAmiga de Alla

El hombre, que tenía antecedentes por hurtos y tráfico de drogas, acababa de cumplir una condena que lo había hecho pasar un tiempo en prisión. Él no tenía trabajo y Alla era quien llevaba el dinero a casa. Se casaron hace dos años y vivían juntos en un piso donde el hombre la mató el 2 de junio, pocas semanas después de que ella hubiera celebrado sus 48 años. La apuñaló y a continuación fue a la comisaría de los Mossos de Banyoles a entregarse. Al día siguiente por la mañana, cuando se informaba de un asesinato machista en Porqueres, Kris pensó en Alla y deseó que no fuera ella, pero al cabo de unas horas confirmó lo peor.

Una violencia oculta

El crimen se recibió con mucha tristeza en su entorno. A pesar de que había suspicacias hacia el hombre, los vecinos no habían visto peleas ni tampoco ninguna escena violenta. Después del asesinato se dijo que Alla quería separarse del hombre. Los servicios sociales del municipio habían apoyado a la mujer para encontrar trabajo y por motivos económicos. Alla no había manifestado a su entorno que sufriera una situación de violencia, ni había denuncias previas contra su verdugo, como pasa con tres cuartas partes de las víctimas de estos crímenes.

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