Pilar Ceprián

Auxiliar de geriatría, 55 anys

Francesc Melcion

Pilar Ceprián

Auxiliar de geriatría, 55 anys

Marta Rodríguez Carrera

"Queremos que nos dejen de considerar como las criadas de las residencias porque somos profesionales formadas y con vocación"

Mal pagadas, precarias y infravaloradas. Es como Pilar Ceprián asegura que se sienten las auxiliares de residencias, que ella reivindica como auxiliares de enfermería geriátricas. "Hacemos trabajos que las enfermeras hacen en los hospitales", afirma esta delegada de CCOO en el sector. Recuerda los primeros días de la pandemia como una "pesadilla" porque tuvieron que trabajar con el virus circulando por los centros y sin poder disponer de buenos equipos de protección. Días de miedo para contagiar a "los que dejabas en casa y a los ancianos de la residencia" y de mucha "tristeza y rabia" por tantas y tantas muertes. "Hemos vivido muchos duelos en pocos días, por residentes que llevabas muchos años cuidando, y no te acostumbras a ello", afirma.

El estrés de la situación pudo con ella y terminó con una baja por la ansiedad que le provocaba la magnitud de tanta tragedia. Confiesa que, un año después, ni ella ni sus compañeras son las mismas. Anímicamente todavía arrastran la carga emocional, y en muchas trabajadoras se han agravado los dolores de espalda y otros dolores profesionales. "Yo ya no tengo la fortaleza que tenía antes de todo esto", dice.

Francesc Melcion

El sector de auxiliares hace años que batalla por la mejora de las condiciones y un convenio catalán que justo ahora se ha firmado. Ceprián calcula que el 90% de las plantillas están formadas por mujeres, "y la mayoría, extranjeras y con familias monomarentales", factores que las obligan a tener que buscar más de un trabajo y casi a cualquier precio para llegar a fin de mes. "Con 927 euros brutos difícilmente se mantiene una casa", apunta, y eso dificulta aún más la siempre complicada conciliación.

Durante los primeros meses en los que las residencias acapararon los focos, Ceprián dice que el sector confió en que se solucionarían problemas de precariedad y reconocimiento, sin embargo, pasado el tiempo, ya se han dado cuenta de que están "solas", e incluso peor, porque "las patronales se han acostumbrado a la disponibilidad horaria", se queja. "Hemos estado en primera línea pero sin aplausos -reflexiona-. Pero más que aplausos queremos que nos dejen de considerar criadas, porque somos profesionales con formación y vocación”.

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